El otro día me sugeriste volver a escribir. En vez de pensar pelotudeces, dijiste. Me encanta la palabra pelotudez. De las cosas que me encantan de vos, está tu argentinidad. Nunca decidí dejar de escribir, sabes? Pero probablemente mi inconsciente lo hizo, y lo hizo porque soy bien pinche miedosa. Para escribir hay que sentir un montón y a veces es más cómodo no sentir. Ansiolíticos del alma, que te mantienen siempre a una temperatura promedia, el café nunca muy fuerte, el dulce de leche nunca muy dulce, las lágrimas nunca muy corrosivas. ¿Sabés?

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